Han pasado varios años ya de aquella vez.
Estaba caminando por el centro de la ciudad e iba a paso apresurado pues me dirigía un ensayo en el Teatro porque esa noche iba a tocar.
Iba vestida de negro y con mi mano derecha cargaba mi violín, recuerdo que hacía calor, muchísimo calor y podía sentir como el sudor caía por mi rostro, entonces decidí sentarme unos momentos en una banca que estaba por ahí para agarrar un poco de aire y de fuerza.
Empecé a darle una hojeada a las partituras y empecé a tararear las tonaditas y creo yo que me perdí ahí un buen rato, nunca supe bien cuánto tiempo pasó, porque yo no lo veía así, sino al contrario, creía que el tiempo no había pasado.
Comencé a caminar de nuevo y más delante vi a alguien que también cargaba un violín y me emocioné pues siempre es bueno conocer a alguien que comparta tus mismos gustos. Me acerqué y resultaba ser una amiga de la infancia, la cual tenía años literales de no ver.
Empezamos a platicar de nuestras vidas, estudios y de cómo pasábamos el tiempo, de nuestros grupos y de nuestros compositores favoritos y de otros amigos.
Entonces mientras hablábamos de un grupo de música ella dijo:
-Mira, que hermoso está el cielo. ¿No crees?
Y yo le contesté:
-Si, en verdad se ve muy bonito. Me recuerda a una canción.
En eso, hice una pausa y comencé a cantar:
Because the sky is blue…
y ella continúo cantando:
it makes me cry, because the sky is blue…
Y así seguimos cantando Because de los Beatles por un buen rato, nos dimos un abrazo y jamás la volví a ver.
Hoy me arrepiento de no haberle pedido su número telefónico, supongo que hoy seguiríamos cantando como aquella vez.