Lluvia aunque tardía había sido totalmente añorada con todas mis fuerzas y mi mente, la lluvia es esa música para mis oídos, es un paraíso lleno de vívidos colores para mi cuerpo, un toque suave y fresco para mi piel. La lluvia eres tú.
Eres esa agua que ha menguado mi sed de amor que ahora se desborda cual copa rebosante. Imparable es la fuerza de nuestro amor y podría asegurar que inigualable es tu frescura que me renueva cada mañana, tarde y noche, inagotable es mi deseo de sumergirme en tus pensamientos y anhelos hasta navegar en el mar de tus ojos que me hacen soñar y temblar. Eres lluvia que me ha hecho alimentarme y crecer a la vez, lluvia que humedeció la tierra seca para empezar otra vez.
Lluvia tardía pero tan acertada a la vez, más que anhelada necesitada tal vez. Lluvia tardía que al manifestarse pinta en el cielo más de mil colores que me hacen siempre recordarte y pensarte, que me hacen saber que lo sublime y lo perfectible existen.
Lluvía tardía caíste en el tiempo más perfecto, pues ya me estaba muriendo, tu abundancia me ha llenado de tu vitalidad y salvación, tu agua me ha limpiado y se ha llevado todo aquello que aquejaba mi empolvado corazón.
Tu eres mi necesidad pues sin el agua de tu amor, los ríos que habitan en mi cuerpo se secarían y no correrían, por lo tanto no viviría.
Lluvia aunque tardía había sido totalmente añorada y soñada, pues ahí estuve todo el tiempo sentada esperando por sus maravillosas aguas y hoy por hoy, ya las tengo en mi, en mi piel, cuerpo y corazón.