Mi cuerpo y mente enloquecen ante tu ausencia que me desgarra y me tiene intranquila, tu presencia es esa necesidad vital puesto que es lo que me hace respirar y suspirar, correr y volar, esperar y confiar, desear y amar.
Todo mi ser te pertenece, es tuyo y de nadie más, esperando así que tu en mi puedas encontrar todo eso que tanto has añorado y buscado. Te pertenezco porque ya has robado mi aliento, te pertenezco porque has poseído y adorado mi cuerpo, te pertenezco porque tu también me perteneces a mi.
Déjame volar junto a ti y déjame llevarte hacia la luna, a ese lugar secreto donde no exista el tiempo, donde no quedará nada más que nuestros cuerpos que mutuamente se adoran y resplandecen aún más que el mismo Sol, cuerpos que cantan a una sola voz y entonan las más hermosas y sublimes melodías, cuerpos que sienten hasta el más mínimo soplo debido a nuestro suspirar, cuerpos que desean aún más de nuestra potente y necesaria presencia. Déjame cerrar los ojos y tocar la finura de tu piel y marcarla de una vez y para siempre, déjame besar tus labios e inhalar tu mágico, profundo y enamorado suspiro, déjame mirar tus dulces y tiernos ojos por los siglos y la eternidad pues ahí encuentro la paz y la serenidad. Déjame anhelarte con mi alma, espíritu, mente y cuerpo pues no quiero dejar de probarte, ni sentirte, ni de gozarte ni de exaltarte.
Déjame hacer todo eso y más, pues ya te pertenezco.
Te amo.

Mi cuerpo y mente enloquecen ante tu ausencia que me desgarra y me tiene intranquila, tu presencia es esa necesidad vital puesto que es lo que me hace respirar y suspirar, correr y volar, esperar y confiar, desear y amar.

Todo mi ser te pertenece, es tuyo y de nadie más, esperando así que tu en mi puedas encontrar todo eso que tanto has añorado y buscado. Te pertenezco porque ya has robado mi aliento, te pertenezco porque has poseído y adorado mi cuerpo, te pertenezco porque tu también me perteneces a mi.

Déjame volar junto a ti y déjame llevarte hacia la luna, a ese lugar secreto donde no exista el tiempo, donde no quedará nada más que nuestros cuerpos que mutuamente se adoran y resplandecen aún más que el mismo Sol, cuerpos que cantan a una sola voz y entonan las más hermosas y sublimes melodías, cuerpos que sienten hasta el más mínimo soplo debido a nuestro suspirar, cuerpos que desean aún más de nuestra potente y necesaria presencia. Déjame cerrar los ojos y tocar la finura de tu piel y marcarla de una vez y para siempre, déjame besar tus labios e inhalar tu mágico, profundo y enamorado suspiro, déjame mirar tus dulces y tiernos ojos por los siglos y la eternidad pues ahí encuentro la paz y la serenidad. Déjame anhelarte con mi alma, espíritu, mente y cuerpo pues no quiero dejar de probarte, ni sentirte, ni de gozarte ni de exaltarte.

Déjame hacer todo eso y más, pues ya te pertenezco.

Te amo.