Ahí estaba sentada en aquel pasillo, con mi mochila de un lado y con mi libro (casi biblia) del otro. Estaba atenta a la agitación de los demás, entre risas y bromas…hasta enojos y lágrimas, gente a paso lento y gente a paso muy apresurado como si alguien o algo los estuviese persiguiendo, y sólo me preguntaba qué pasaba por sus cabezas.
Freud, eso leía…y ahí yacía en el piso, la casi biblia. Me dispuse a leer nuevamente, se trataba de Introducción al Psicoanálisis y justo cuando pensé en ir a la Biblioteca para leer con más tranquilidad el cielo empezó a llorar de una manera bien tremenda e intensa.
Ya no me pude mover porque de lo contrario me hubiera unido con algunos que a los lejos corrían por ese pasto de color penetrante empapándose de alergía y energía. Así que, permanecí en el mismo pasillo pero ahora la gente no se mostraba tan agitada, simplemente observaba al igual que yo ese cielo triste con llanto incontrolable.
Estaba en esa esquina con mi libro en una mano y con un lápiz en la otra, al pendiente para hacer anotaciones en el libro así como es mi costumbre.
[Resistencia y represión]
Mi plan era quedarme ahí varias horas si era necesario por aquel llanto del cielo, a fin de cuentas Sigmund estaba conmigo.
Ahí estaba leyendo, cuestionando, planteando, anotando y subrayando el libro…fue ahí cuando caí en cuenta de que de algo así se trata esto que llamamos vida: De plantearse algo, de las posibilidades, de cuestionarse, de escucharse y ¿porqué no? De leerse también; y así como lo hice con ese texto de Freud (el leer, cuestionar y plantear) puede no hacerse con ese texto, también podría hacerse con muchos o pocos textos…incluso en otros (con)textos que muchas veces no contemplamos. Posibilidades.
Después de esto, el cielo se despejó y yo iba rumbo a mi salón de clases, pensando en ese (con)texto, deseando aquello….así como sujeto deseante que soy.